Nuestra cofundadora comparte su visión sobre la composición para cine y el futuro de la música cinematográfica en México.
Recientemente, nuestra cofundadora Karina Rivero fue invitada al programa “La Voz de la Ciudad”, conducido por Max Espejel, para hablar sobre su trayectoria como compositora y diseñadora sonora, así como sobre la misión de la Escuela Mexicana de Música para Cine (EMMC). La entrevista exploró los aspectos clave del proceso creativo detrás de las bandas sonoras, y la urgente necesidad de profesionalizar esta disciplina en nuestro país.
La música como arquitectura emocional invisible
Karina propuso una idea central: la música es una forma de narrar sin palabras. Lejos de ser solo un adorno estético, funciona como un dispositivo que moldea lo que el espectador siente, incluso antes de que lo note. En sus palabras, la música en una película es la personalidad de la historia, su voz interna.
Esta afirmación no es metafórica: al igual que los diálogos, la fotografía o la actuación, la música construye significado. Un mismo montaje puede transformarse completamente si se cambia el score. Por eso, más que “poner música” a una escena, el trabajo del compositor consiste en decidir cómo debe sentirse esa escena… y por qué.
Diseñar narrativas subconscientes
Una de las aportaciones más contundentes de Karina durante la charla fue su definición del compositor como un diseñador de narrativas subconscientes. Es decir, alguien que influye en la experiencia emocional del espectador sin que este lo advierta de forma consciente.
El objetivo no es llamar la atención sobre la música, sino integrarla tan profundamente en la estructura dramática que funcione desde adentro: “te estamos entrando por las orejas”, dice Karina, refiriéndose al carácter casi invisible de su trabajo.
Este tipo de diseño requiere no solo sensibilidad musical, sino una comprensión profunda del relato, sus arcos emocionales, sus silencios y sus contradicciones.
¿Por qué no nombramos a los compositores?
Durante la entrevista, surgió un diagnóstico sobre el estado de la música para cine en México: hay un consumo activo de cine y series, pero una ausencia casi total de cultura sonora. “Nombramos a directores, fotógrafos, actores… pero no a los compositores”, señaló Karina.
Esta invisibilidad no es casual. La formación profesional en música cinematográfica ha sido escasa y fragmentada. Por eso, parte de la misión de la Escuela Mexicana de Música para Cine es no solo enseñar a componer contra imagen, sino también construir una comunidad que reconozca el valor narrativo de la música.
Escuchar es componer
Una parte especialmente reveladora de la entrevista giró en torno a la idea de “escucha activa”. Para Karina, componer música para cine no comienza en el piano o en el DAW, sino en el oído cotidiano: “escuchar cómo rechina la silla, cómo respira el aire acondicionado… y guardar esos sonidos en un archivo mental”.
Esta sensibilidad auditiva permite identificar texturas, ritmos y colores que más tarde se convierten en herramientas expresivas. En este sentido, la Ciudad de México, con su carga sonora abrumadora, se convierte en un laboratorio acústico: una fuente inagotable de estímulos que puede ser tanto una mina de oro como un ruido de fondo paralizante.
Componer es colaborar
Una diferencia clave entre la composición “tradicional” y la música para cine es el contexto colaborativo. El compositor cinematográfico no trabaja solo: colabora con el director, el editor, el diseñador sonoro, el fotógrafo. Cada decisión tiene implicaciones narrativas y técnicas.
Por eso, el aprendizaje técnico es importante —entender estructuras narrativas, formas de guion, técnicas de spotting—, pero también lo es el desarrollo de una mirada que permita dialogar con otros lenguajes.
Hacia una nueva generación de narradores musicales
La creación de la EMMC surge como respuesta a esta necesidad: formar compositores que no solo sepan escribir música, sino contar historias con ella. Compositores que no solo dominen herramientas digitales, sino que entiendan cómo intervenir una narrativa desde el sonido.
En palabras de Karina: “Queremos generar comunidad. Conocernos entre todos. Músicos, cineastas, diseñadores sonoros… y empezar a generar arte a partir de ello.”
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