La música de La Odisea, que se estrenó este 16 de julio, terminó siendo una odisea muy real para su compositor, Ludwig Göransson.
Desde el inicio del proyecto, Christopher Nolan tenía muy claro el tipo de sonido que estaba buscando. Le pidió tres cosas: evitar una orquesta tradicional, experimentar con gongs e instrumentos antiguos y, si era posible, construir el tema de Odiseo alrededor de una lira. Con esas ideas en mente, Göransson comenzó a trabajar incluso antes de que iniciara el rodaje. Alquiló 35 gongs y empezó a desarrollar la música utilizando guitarra, arpa y sintetizadores.
Mientras componía la música para la caída de Troya, Los Ángeles atravesaba una temporada de incendios forestales. El fuego se encontraba al otro lado de la autopista donde está su estudio, y trabajó durante varios días preparado para evacuar en cualquier momento. Esa extraña mezcla entre calma y desastre terminó influyendo en el sonido que estaba construyendo para la película.
Después de entregar una primera maqueta de 42 minutos —que Nolan escuchaba durante el rodaje para inspirarse mientras filmaba—, Göransson salió a buscar los sonidos que todavía sentía que le faltaban. Grabó voces tradicionales en Albania, un aulos en Inglaterra y, durante una visita a una mezquita al norte de Grecia, escuchó accidentalmente unas flautas cuya reverberación describió como “de otro mundo”. Las grabó, las transformó y terminaron formando parte del score.
Después de nueve meses de trabajo ya había compuesto cerca de cuatro horas de música sin haber visto todavía la película completamente montada. Sin embargo, seguía faltando uno de los elementos que Nolan había pedido desde el principio: la lira.
Primero intentó recrearla utilizando un arpa, pero cuando finalmente vio la película entendió que necesitaba el instrumento real. Fue entonces cuando encontró a Rosa Fragorapti, arqueomusicóloga especializada en instrumentos antiguos. Juntos grabaron dos liras construidas especialmente en Grecia, y con ellas apareció por fin el sonido que habían estado buscando desde el inicio del proyecto.
Curiosamente, el último problema importante fue también el primero que escuchamos en la película. Göransson llevaba meses intentando hacer funcionar la música del inicio. Aunque el cue sincronizaba perfectamente con la imagen, sentía que algo no terminaba de encajar. Después de más de un año de viajes, grabaciones y experimentación entendió el motivo: esa música ya no representaba el comienzo del viaje de Odiseo, sino el final del suyo como compositor. Decidió moverla al cierre de la película.
Después del último golpe de bastón, la imagen se funde a negro, pero las voces siguen resonando. La historia termina en la pantalla, aunque la música continúa unos instantes más. Con ese gesto, Göransson conecta una película contemporánea con la tradición oral que mantuvo viva La Odisea durante siglos: la de los bardos que transmitían estas historias de generación en generación.
La Odisea cuenta el viaje de un hombre que intenta regresar a casa.
Pero para encontrar el sonido de ese viaje, Ludwig Göransson también tuvo que emprender el suyo.
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