Este fin de semana se estrena en México El Día D: Bajo Presión, una película que cuenta la historia del meteorólogo James Stagg, el hombre cuya predicción del clima fue determinante para decidir si el desembarco de Normandía debía ocurrir o no.
Mientras veía la película, no podía dejar de pensar en una pregunta: ¿cómo compones música para algo tan intangible como el tiempo meteorológico?
Porque el clima puede estudiarse, medirse y pronosticarse, pero nunca conocerse con absoluta certeza. Y esa incertidumbre termina convirtiéndose en el verdadero conflicto de la historia.
Volker Bertelmann, compositor de Sin novedad en el frente y Cónclave, entendió muy bien ese punto. En lugar de intentar representar la lluvia, el viento o las nubes, decidió representar la sensación de no saber. La presión de tener que tomar una decisión de la que dependen miles de vidas aun cuando la información nunca será completamente segura.
Por eso su música evita el dramatismo evidente. En cambio, permanece casi todo el tiempo en un estado de tensión constante. Utiliza pulsos repetidos, ataques aislados, ostinatos que parecen no terminar de resolverse y acumulaciones que crecen poco a poco. De esa manera, la incertidumbre meteorológica termina convirtiéndose en ritmo.
Pero quizá una de las decisiones más interesantes del score aparece justamente cuando la música desaparece.
Cuando Stagg recibe la noticia de que una bomba cayó cerca del hospital donde se encontraba su esposa, el silencio ocupa casi todo el espacio. Y precisamente por eso el momento resulta mucho más contundente. No hay una gran progresión armónica intentando decirnos qué sentir. El vacío hace ese trabajo por sí solo.
Más adelante, Bertelmann toma otra decisión igual de interesante. En uno de los momentos más emotivos de la película no escuchamos su música original, sino Spiegel im Spiegel, de Arvo Pärt. Una obra aparentemente sencilla que, dentro de la película, adquiere una fuerza emocional enorme. Es como si Bertelmann entendiera que ese momento no necesitaba que él hablara, sino que otra voz musical lo hiciera.
Creo que ahí está una de las lecciones más interesantes que deja El Día D: Bajo Presión.
La música para cine no siempre acompaña lo que vemos en pantalla. Muchas veces acompaña aquello que los personajes llevan por dentro. En este caso, la duda, la presión y el miedo de tomar una decisión sin tener la certeza absoluta.
Y quizá el verdadero oficio del compositor consiste precisamente en eso: saber cuándo escribir una gran orquesta, cuándo sostener una escena con un solo pulso… y cuándo el mejor gesto musical es guardar silencio.
───
¿Qué banda sonora te ha sorprendido por el uso del silencio?
Te leo en los comentarios del reel de esta semana:
Ver reel → [LINK]
